Durián/Durian Fruit
El Durián o durión, Durio zibethinus,
es el fruto comestible de algunas especies de árboles pertenecientes
a la familia Durioneae.
Estos árboles son nativos de Indonesia,
Malasia, Filipinas, Tailandia, Borneo y Sumatra.
Conocido como el “Rey de las Frutas”, el Durián se distingue por su gran tamaño, su
fuerte olor, y las espinas de su cáscara.
El fruto puede llegar a medir 30 cm de
largo y 15 cm de diámetro, y suele pesar 1 a 3 kg. Su forma varía de oblonga a redonda, el color de su cáscara
de verde a marrón y su carne de amarillo pálido a
rojo, según la especie.
En el sudeste asiático, el Durián es parte esencial de las tradiciones sociales y culinarias, y es venerado en el ámbito de la cultura. Se celebran fiestas de la cosecha, festivales con música en directo, concursos de agricultores, degustaciones y diversos eventos culinarios en honor a este fruto.
La pulpa del Durián contiene
proteínas, grasas y azúcares, además, es rica en vitaminas A, C, y B6, tiamina,
riboflavina y niacina, así como en manganeso, potasio y ácido fólico.
Mientras que algunas personas consideran
que el Durián tiene una fragancia agradablemente dulce, otras consideran que tiene
un aroma excesivo y desagradable, provocando reacciones que van desde un
profundo aprecio hasta una intensa repugnancia, describiendo el olor como a cebollas
podridas, aguarrás o aguas residuales.
Tanto así, que países como Tailandia,
Japón, Hong Kong y Singapur prohíben el Durián en zonas como el transporte
público, los aeropuertos y los hoteles, colocando carteles de “No Durián” para
advertir a la gente de que no los coma en público.
Contrariamente a su penetrante olor, esta
fruta sabe realmente deliciosa y dulce, sobre todo cuando está fresca y madura.
Su textura blanda, acolchada y similar a la de las natillas tiene un sabor que
a menudo se compara con el caramelo y la vainilla.
En el siglo XIX el naturalista británico Alfred
Russel Wallace describió su pulpa como “un rico flan muy aromatizado con
almendra”.
Su potencial culinario es enorme, se puede consumir fresco, en elaboraciones dulces, saladas o formando parte de diversos platos en estado verde, semimaduro o fermentado.
El Durián suele ser protagonista en
muchos postres del sudeste asiático, como helados, tartas, caramelos y pasteles,
ya que su consistencia aterciopelada y su sabor intenso complementan a la
perfección estas elaboraciones.
Combinado con leche o leche de coco se
obtienen unas deliciosas cremas, batidos y/o smoothies.
En platos salados el Durián tiene
multitud de posibilidades, en Malasia, por ejemplo, se emplea cocido con gambas,
pollo o infundido en curries, lo que confiere un sabor distintivo a la comida.
Una vez cocida, la pulpa adquiere una
textura similar a la de la patata cocida, por lo que su uso se puede extender a
cualquier comida que integre en su elaboración este tubérculo, una vez, eso sí,
superada la barrera de su aroma.
Deshidratado y reducido a polvo, dado su
aroma y sabor, puede formar parte de mezclas de especias, a las que le aportará
profundidad y un sabor fresco, al estilo del Amchoor, y un aroma, que, aunque por
sí solo no sea muy agradable, ayudará, como pasa con los perfumes, a potenciar
y/o fijar aspectos y notas de las otras fragancias presentes en la mezcla.
Dado su destacado lugar en las culturas y
tradiciones de la región, al Durián también se lo considera afrodisíaco, y sus
raíces, cortezas y hojas se emplean en medicina popular.