Moringa
La Moringa, Moringa oleifera,
denominada también Morango, Árbol de la vida, Paraíso o Palo de Abeja, entre
otros, es un árbol ruderal, perenne y poco longevo que pertenece a la familia Moringaceae.
El nombre genérico deriva del tamil Muruṅkai, முருங்கை, con el epíteto
específico oleifera, “que contiene aceite”.
Su origen se sitúa en el Alto Indo, a los
pies del Himalaya, en la actual Pakistán, aunque crece también en las tierras
del continente vecino, concretamente en Etiopía, Kenia y Somalia.
Los primeros datos disponibles sobre esta
planta se remontan al Mesolítico, 10.000 - 6.000 a. C., donde ya es citada con
el nombre de Sigru o Shigru, como una de las veinticinco plantas utilizadas
como verduras de hoja.
Se tiene constancia de su cultivo en el
período 2.850 – 2.500 a. C., citándose al Sigrukam como un famoso vegetal de la
región de Balkh, una antigua ciudad situada en el norte de Afganistán.
En el Antiguo Egipto, la Moringa
era considerada un producto exótico y de lujo que se regalaba a reyes, los
cuales se llevaban a la tumba con el resto de sus tesoros para su disfrute en
el más allá.
Para hacerse una idea de lo nutritivamente
poderosa que es esta planta, solo decir que, las hojas frescas de moringa
tienen 4 veces más vitamina A que la zanahoria, 7 veces más vitamina C que las
naranjas, 4 veces más calcio que la leche, 3 veces más potasio que los
plátanos, entre 3 y 4 veces más hierro que las espinacas y el doble de proteína
que un yogurt, además tiene una amplia gama de aminoácidos esenciales,
carbohidratos, fibra y fitonutrientes.
Explorando el perfil del gusto, la Moringa
tiene un sabor suave y terroso con toques amargos y un punto picante. Este
sabor terroso recuerda al de los berros o la rúcula, pero mucho más suave.
Además, esta planta posee una sutil
cualidad herbácea, similar a la del té verde o hierbas frescas como el cilantro,
que añade una agradable complejidad al sabor general.
También hay quien detecta un ligero matiz
similar a la nuez, las almendras o los anacardos.
Es muy versátil en aplicaciones
culinarias, se puede usar a modo de verdura de hoja en guisos, con legumbres,
pollo, cerdo o verduras.
Frescas funcionan muy bien en ensaladas o
trituradas, en batidos o smoothies.
Las flores son dulzonas y agradables al
paladar, aportando a platos fríos esa nota fresca y seductora.
El fruto, similar a las judías verdes,
contiene dentro unas semillas parecidas a los garbanzos que, puestas a remojo, y
complementadas con la raíz, similar a la zanahoria, pero con matices picantes, facilitan
la elaboración de buenos potajes.
Las hojas secas se pueden utilizar a modo
de laurel, aportando un sutil punto picante.
Convertidas en polvo, estas hojas, con
gran cantidad de clorofila, realza las sopas, infusiones o los productos
horneados.
Incluida en nuestra mezcla de especias
favorita, creará unos contrastes muy atractivos.
Dado que es oleifera, no se puede
pasar por alto su aportación de aceite, con abundancia en ácidos insaturados y que
puede utilizarse para aliñar ensaladas o enriquecer guisos.
Una publicación en la revista
Phytotherapy Research Farooq Anwar señala las
propiedades medicinales de la Moringa, ya que las diversas partes de esta
planta actúan como estimulantes cardíacos y circulatorios, poseen actividad antipirética,
antiinflamatoria, diurética, y funcionan bien como reductoras del colesterol, empleándose
para el tratamiento de distintas dolencias en el sistema de medicina ayurvedica.