Bovril
"Optimum cibi condimentum fames", es un aforismo latino de
fácil traducción, “El mejor condimento es el hambre”.
Esta frase, atribuida al filósofo romano Marco Tulio Cicerón, y popularizada
por Miguel de Cervantes en Don Quijote de la Mancha, expresa una idea muy clara,
el hambre hace que todo sepa mejor.
Obviamente esto no quiere decir que algo insípido o no muy rico, por mucha hambre que se tenga, alcance el nivel de gustoso, nutrir, si, gustar…menos.
Cuando hablamos de condimentum, derivación del verbo condire,
“preparar", "aderezar" o "sazonar”, la definición básica lo
describe como "aquello que sirve para sazonar la comida y darle buen
sabor", pero su significado es mucho más profundo y abarca una historia
rica y compleja.
Uno de estos condimentos, con una historia apasionante, de
guerra y paz, reto e innovación, es el archiconocido Bovril.
Bovril se originó a principios de la década de 1870 de la mano de John Lawson Johnston, un carnicero afincado en Edimburgo e interesado en la dietética.
Aparte de cuales fueran las intenciones originales de Johnston
a la hora de elegir profesión, su tío era carnicero y su sobrino decidió
dedicarse a este oficio y fue su aprendiz.
Pasado el tiempo, se hizo cargo, con éxito, de su carnicería en Edimburgo y decidió utilizar la gran cantidad de recortes de carne que se producían en el proceso de despiece para elaborar su propio Glace de Viande, un caldo de ternera que se concentraba calentándolo hasta que adquiría un color marrón oscuro y una consistencia viscosa, lo que le confería una larga vida útil.
La guerra Franco-Prusiana, 1870-1871, resultó ser un momento
crucial en el desarrollo de Bovril, ya que, Johnston, que había emigrado a
Canadá, recibió un encargo del ejército francés para suministrarles un producto
cárnico fiable y nutritivo, ya que Gran Bretaña no disponía de suficiente carne
de vacuno para satisfacer la demanda francesa durante la contienda.
Este encargo obligó a Johnston a perfeccionar su primera creación «carne líquida» para convertirla en un producto estable y fácil de transportar.
Y ya que su primera creación, el “líquido de ternera”, se
basaba en un glaseado de carne, modificó la receta creando Johnston's Fluid
Beef, precursor del Bovril, aunque no se le dio ese nombre hasta 1887.
Según la página de Municipalidadde Bovril, el nombre “Bovril” viene en parte del latín: “bos”, del genitivo “bovis”, que significa: buey, toro o vaca, y la terminación “vril” que proviene de la novela “The Coming Race”, de Edward George Earl Bulwer-Lytton, en la que los Vril-ya, seres superiores al Homo sapiens, descendientes de una civilización antediluviana que viven en una inmensa red de cavernas, utilizan una energía no muy bien descrita pero enormemente poderosa llamada “vril”, algo a mitad de camino entre la electricidad y la fuerza espiritual, sustancia esta capaz de todo tipo de proezas, desde sanar hasta destruir.
A raíz de la novela, y como cabía esperar de quienes se
sentían superiores y buscaban la dominación a toda costa, durante el período de
la Alemania nazi surgió la Sociedad Vril, una sociedad seudocientífica y
esotérica, que se supone fue un círculo escindido de la pre-nazi Thule
Gesellschaft, y en la que gran parte de sus actividades han sido objeto de
numerosas especulaciones, incluyendo la propia existencia de la sociedad.
Bovril dio en el clavo con los consumidores de la época victoriana, y en medio de los movimientos de templanza y salud, Bovril se promocionó como un superalimento cárnico que fortalecía la constitución.
Desde sus inicios, Bovril se comercializó astutamente como un alimento que podía curar a los enfermos, fortalecer a los ancianos y mantener sanos a los jóvenes.
Representado habitualmente por un buey, contaba con el
respaldo de científicos.
La empresa también se asoció con el ejército y el patriotismo al suministrar Bovril a las tropas durante las Guerras de los Bóers, 1880-1902.
Más tarde, en 1916, la empresa publicó un anuncio a toda
página en el Daily Express en el que aparecía un toro proclamando: “Si no
puedes ir tú mismo, quizá quieras enviarme a mí. He oído que quieren más BOVRIL
en el frente”.
Bovril incluso atrajo a personajes famosos como Ernest Shackleton, de quien se dice que consumió Bovril durante su expedición a la Antártida en 1902.
La agresiva publicidad llego hasta tal punto de representar, sin su permiso, al Papa León XIII, bebiendo Bovril con el eslogan: “Dos poderes infalibles: el Papa y Bovril”.
Para entonces, Johnston se había trasladado a Inglaterra y el negocio del caldo de carne dio sus frutos. En 1896 vendió Bovril por dos millones de libras.
Bovril alcanzó su apogeo en la década de 1930, con una
popularidad que se mantuvo hasta la década de 1960. En ese momento, el producto
perdió protagonismo, aunque sigue produciéndose.
Hoy en día, continúa como una reliquia de la cultura
británica y se exporta a varios países.
El producto en sí es un extracto espeso, negro y brillante a base de carne.
Se presenta en un pesado tarro con forma de bulbo, con una
tapa roja gruesa y una etiqueta roja, sin más adornos.
Además de ser muy apreciada por los expatriados que buscan
el sabor de su país en lugares como Francia y España, Bovril es extremadamente
popular en Malasia, Singapur y China, donde generaciones enteras han crecido
con esta emblemática bebida británica.
Al igual que otros productos para untar oscuros y salados,
como Marmite o Vegemite, el sabor de Bovril es polarizante, es decir, o lo
amas, o lo odias.
El método de fabricación de Bovril ha cambiado a lo largo de las décadas, incluso hubo una época en la que era vegetariano.
Hoy en día, se vende con una base de extracto de levadura
similar a la Vegemite, mezclada con proteínas de soja, caldo de ternera y
aromatizantes.
Sin embargo, el proceso original de Johnston se basaba
totalmente en la ternera, utilizando albúmina, la principal proteína del
plasma.
A continuación, la sustancia se mezclaba con ternera magra deshidratada y se molía hasta convertirla en polvo, que posteriormente se transformaba en pasta.
Ambos métodos de producción, incluido el moderno, crean una
sustancia muy nutritiva, rica en colágeno, que con una sola cucharadita aporta
4,5 gramos de proteínas y 1,6 gramos de carbohidratos, pero que no se considera
un producto "saludable" debido a su elevadísimo contenido en sodio, 1.400
miligramos.
Sin embargo, su potente composición hace que Bovril sea más
que un simple ingrediente culinario usado en salsas, cuando no se dispone de
Jugo de Carne, auténtico, y cuando se disuelve en agua caliente, se convierte
en una bebida rápida y rica en proteínas.
Su sabor intenso, reconfortante y umami, le confiere un carácter
nutritivo que recuerda al rico caldo de huesos.Algunas variantes lo hacen aún más refrescante al combinarlo
con leche o en un vaso de agua con gas, en fin, para gustos, colores, y
sabores.
La exclusiva crónica de Bovril nos anima a apreciar la rica y diversa historia de la alimentación.
Cada producto, cada receta, lleva consigo su propia
narrativa, que refleja las fuerzas sociales, económicas y culturales que dieron
forma a su creación y consumo.
Al explorar estas historias singulares relacionadas con la
alimentación, obtenemos una comprensión más profunda de nuestro pasado común y
del poder perdurable de la comida para conectarnos a través de las
generaciones.



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