Salsa de Soja/Soy Sauce

 

La Soja, Glycine max, no es solo una legumbre, es una pequeña semilla con siglos de historia latiendo en su interior.

Nació en los campos de China, donde durante generaciones fue cuidada como un tesoro humilde, capaz de alimentar cuerpos y sostener vidas.

En su forma más simple, parece discreta, pero al tocarla, al transformarla, revela su verdadera naturaleza: generosa, adaptable, casi poética.

De ella nacen alimentos que han cruzado culturas y épocas, como el suave Tofu, el profundo Tempeh o la intensa Salsa de Soja, que guarda en cada gota el paso del tiempo.

La soja es tierra, paciencia, transformación, es la historia de cómo algo pequeño puede convertirse en sustento, en tradición, en cocina compartida alrededor de una mesa.

Quizá por eso sigue acompañándonos, porque en su sencillez encierra algo eterno.

Originaria de la región de Manchuria, en el noreste de China, la soja se cultivaba ya hace miles de años, siendo una enredadera rastrera su antepasado silvestre.

Durante los primeros siglos de su domesticación, la soja no tenía ni de lejos la importancia que tiene hoy en día en la dieta china, de hecho, es muy posible que resultara mucho más útil como fertilizante que como alimento, ya que se incorporaba al suelo para enriquecerlo y favorecer otros cultivos, como el trigo o el mijo.

La soja pertenece a una familia de plantas que tiene la capacidad de extraer nitrógeno del aire e incorporarlo al suelo a través de sus raíces, enriqueciendo así los suelos pobres.

Pero, aunque los antiguos agricultores habían descubierto una nueva fuente de alimento, solo sus descendientes, casi mil años después, comenzarían a comprender plenamente el valor nutricional de la soja.

La larga historia de domesticación dio como resultado una gran variedad de plantas de soja resistentes y erguidas, que se adaptan bien a una amplia gama de condiciones climáticas y de suelo.

China es reconocida por académicos de todo el mundo como el lugar de origen de la domesticación de la soja.

Breve Historia de la Soja

La soja, conocida en la antigüedad como «Shu», no solo era apreciada como un importante cultivo para la producción de aceite comestible, sino también como una fuente fundamental de proteína vegetal.

Los antepasados de la cultura Pei-Li-Gang, 7000-5000 a. C. que se extendía por el curso medio del río Amarillo y la cuenca del río Huaihe, ya habían comenzado a aprovechar las plantas de soja silvestre.

Posteriormente, en la era Longshan, una cultura del Neolítico tardío en las zonas del valle medio y bajo del río Amarillo, en el norte de China, 3000-1900 a. C. aprox., la soja ya mostraba características distintivas de las especies domesticadas.

Durante la dinastía Zhou, 1046-256 a. C., la soja fue designada como uno de los “cinco cereales sagrados”, los otros eran el trigo, la cebada, el arroz y el mijo.

Tras las dinastías Xia y Shāng, el tamaño de las semillas de soja aumentó significativamente, y este proceso de domesticación continuó hasta la dinastía Han, 206 a. C.-220 d. C.

Durante la dinastía Han Occidental, 206 a.C.-9 d.C., la gente comenzó a utilizar la soja como materia prima para elaborar un condimento, que poco a poco se fue transformando en salsa de soja.

Entre medias, hubo un breve, pero intenso interregno, la dinastía Xin, 9-23 d.C., fundado por Wang Mang, que intentó reformas basándose en textos clásicos que fracasaron, provocaron caos social, rebeliones y su caída tras solo 14 años.

El fin de la dinastía Han Oriental, 25-220 d.C., supuso la conclusión del periodo denominado “la edad dorada” en la historia china, y el arroz y el trigo sustituyeron a la soja como alimento básico, que pasó a utilizarse en una amplia variedad de aplicaciones, como guarnición y para condimentar.

La migración de la soja desde el noreste de China fue gradual, y ya en el siglo I d. C. se había extendido por el centro y el sur de China, así como por Corea.

En algún momento posterior a esta fecha y antes de la llegada de los europeos en el siglo XVI, la soja se sembró en Japón y en el sudeste asiático.

Principales Tipos de Soja

Los principales tipos de soja, que se clasifican según el color de la semilla son: verde, negra y, con diferencia la más habitual, amarilla, variedad esta última que inspiró el otro nombre de la legumbre, Huang Dou, “legumbre amarilla”.

Soja amarilla

La soja amarilla es la más común en cuanto a volumen de producción y variedad. La mayoría de los productos procesados de soja, como el miso, el tofu y el Nattō, se elaboran a partir de semillas de soja amarilla de tamaño mediano o pequeño.

Soja verde

Científicamente se conoce como Vigna radiata, aunque también es llamada judía Mungo, no es una variedad de soja exactamente, sino otra legumbre. La piel de este grano es verde.

Se utiliza a menudo para fabricar harina de soja, Kinako, o para preparar soja guisada, y en los últimos años se encuentra en el tofu de soja verde y el Nattō de soja verde.

Soja negra

La soja negra se utiliza generalmente para preparar soja guisada, que suele consumirse como parte de la comida tradicional japonesa de Año Nuevo. Aunque es más difícil de encontrar, también se puede adquirir tofu de soja negra y Nattō de soja negra.

Otras variedades

La soja roja o Azuki, Vigna angularis, es una legumbre pequeña y roja, también se conoce como judía roja.

La soja Kurakake, es una variedad de soja de color verde y negro, originaria de Japón.

Valores Nutricionales

La soja resultó ser una fuente proteica muy barata, con un rendimiento por superficie mucho mayor otros cultivos comunes, y con más cantidad de proteínas que la carne, la leche o los huevos.

El equilibrio de aminoácidos es casi tan bueno como el de la carne.

Toda esta maravillosa nutrición se consiguió con mucho esfuerzo, ya que, una vez domesticada la planta de soja, los chinos tardaron otros 1000 años en descubrir todo el potencial nutricional de su humilde haba amarilla.

La soja es una buena fuente de proteína, 36–40%, grasas, la mayoría saludables, 18–20%, carbohidratos, 30% y fibra 9%.

En vitaminas destaca en B9, B6, y K.

Es rica en hierro, fósforo, manganeso. magnesio y cobre.

El Origen de la Fermentación

En aquella época, el mijo era el cereal preferido, seguido del arroz, el trigo y la soja, que ocupaba un poco apetecible cuarto lugar.

Al igual que otros cereales, las semillas de soja maduras se cosechan normalmente secas y duras en la planta.

Las semillas hervidas se comían enteras, comiéndose también las hojas de la planta.

La soja, en su forma cruda, es difícil de digerir y contiene inhibidores naturales, pero, las primeras comunidades chinas descubrieron que la fermentación transformaba la soja en algo mucho más aprovechable, mejorando tanto su digestibilidad como su sabor.

Por tanto, el origen de la fermentación de la soja en China tiene sus raíces en los antiguos experimentos sobre conservación, sabor y nutrición, mucho antes de que existieran recetas escritas.

Como ya se ha comentado en este espacio con anterioridad, uno de los primeros productos de soja fermentada conocidos fue el «Jiang» (), un término amplio que designa las pastas fermentadas.

Las primeras referencias al Jiang aparecen en textos de la dinastía Zhou, lo que indica que las técnicas de fermentación ya estaban establecidas.

Nadie sabe con exactitud cuándo se elaboró por primera vez la salsa de soja, lo que sí se sabe es que, durante la dinastía Song, 960-1279, el carácter “Jiang” pasó a referirse exclusivamente a un solo tipo de salsa: la de soja.

A finales de la dinastía Song del Sur, 1127-1279, durante la cual hubo un gran auge económico, cultural, y tecnológico en China, se acuñó una frase que se hizo famosa: “Las siete cosas esenciales de las que la gente no puede prescindir en su día a día son la leña, el arroz, el aceite, la sal, la salsa de soja, el vinagre y el té”.

Para entonces, la salsa de soja ya se había convertido en uno de los grandes sabores de China.

Elaborada de forma tradicional, la salsa de soja tal y como la conocemos hoy en día se fermenta de forma natural a partir de soja, harina de trigo, sal y agua, un proceso bastante sofisticado, que requiere mucha paciencia, y que puede durar entre seis meses y dos años. Cinco años, en el caso del Jinjang (진장).

Proceso de Fermentación

Como apuntaba anteriormente, el proceso de la fermentación natural para elaborar Salsa de Soja, es largo y complejo, pero haciendo un resumen, los pasos básicos consisten:

En primer lugar, se hierven los granos de soja, que normalmente se combinan después con trigo o, en ocasiones, con cebada.

En este punto, la mezcla se inocula con un iniciador, conocido como hongo Kōji (), Aspergillus oryzae, un moho filamentoso que crece en el arroz y que permite descomponer las proteínas de la soja en aminoácidos.

A continuación, el conjunto se coloca en bandejas, dejándolo reposar entre 28–30 °C, y removiendo diariamente para que se seque.

Tras un tiempo determinado, que varía según la región y el fabricante, comienza el proceso de fermentación propiamente dicho.

La mezcla se introduce en cubas, a las que se añade salmuera, y se deja al sol durante unos meses, aunque también aquí hay variaciones regionales, si bien, generalmente, cuanto más largo es el tiempo de fermentación, mejor y más complejo es el sabor del producto final.

Poco a poco, los granos de soja se oscurecerán, y el líquido resultante de esta fermentación es el primer lote de salsa de soja.

A partir de aquí, hay productores que añaden más salmuera para una segunda y tercera extracción de salsa de soja, aunque, obviamente, el resultado nada tiene que ver con el primer lote.

Por supuesto, hay fabricantes que combinan tradición milenaria con tecnología controlada, dando lugar a un proceso preciso, eficiente y estandarizado.

Obviamente se parte de soja cocida y trigo tostado, que se inoculan con Aspergillus oryzae para formar el koji, donde enzimas descomponen proteínas y almidones.

Luego, se mezcla con salmuera para crear el moromi, que fermenta durante meses en tanques con control automático de temperatura, pH y agitación.

Tras la fermentación, se prensa para extraer el líquido, se pasteuriza, filtra, se ajusta si es necesario y envasa en líneas automatizadas que garantizan higiene, uniformidad y trazabilidad.

El resultado es una salsa de calidad uniforme, con perfiles sensoriales reproducibles y producción optimizada.

¿Es de peor calidad esta salsa de soja, que la que está elaborada de manera tradicional?, en absoluto, simplemente responden a necesidades y gustos distintos.

Depende de lo que se valore más, bien consistencia y seguridad o complejidad y carácter.

La salsa de soja elaborada en fábricas modernas suele ser muy fiable, mantiene un sabor constante y pasa controles sanitarios estrictos.

Es ideal para uso cotidiano o industrial, donde importa que el resultado sea siempre el mismo.

En cambio, la de pequeños productores artesanos suele ofrecer un perfil más rico y matizado.

Al fermentar en lotes pequeños y durante más tiempo, desarrolla aromas más profundos, mayor complejidad, aunque, como es natural, puede haber más variabilidad entre lotes.

Tipos de Salsa de Soja

Salsas de Soja Chinas

En la cuna de este condimento, las reglas cambian. Aquí no se andan con rodeos, y la clasificación es directa: clara u oscura.

Salsa de soja clara o light (Sheng Chou - 生抽)

Es líquida, salada y se utiliza para cocinar casi cualquier cosa. Aporta ese sabor fresco y vibrante a los salteados rápidos al wok. Si el frasco dice “superior” o “primera presión”, se está ante un producto de alta calidad.

Salsa de soja oscura o dark (Lao Chou - 老抽)

Aquí es donde ocurre la magia del color. Esta salsa es más espesa y lleva azúcar o melaza añadida. No se utiliza para salar, sino para aportar ese espectacular color caoba a platos como la panceta de cerdo estofada o el pollo al estilo cantonés. Tiene una textura casi viscosa y un aroma dulce.

Salsas de Soja Japonesas (Shoyu)

A diferencia de las versiones chinas originales, las japonesas suelen contener una proporción equilibrada de soja y trigo, lo que les confiere un sabor más dulce y matizado. Son las más comunes en Occidente y se dividen en categorías muy interesantes.

Koikuchi

Esta es la salsa de soja oscura estándar. Si una receta japonesa solo dice “salsa de soja”, se refiere a ésta. Es perfecta para adobos, salteados y salsas para mojar. Si presenta una etiqueta que dice “Marudaizu”, significa que está elaboradas con soja entera y no con puré de soja procesado.

Usukuchi

Aunque pueda llevar a engaño por su color más claro, esta salsa es, en realidad, más salada que la anterior. Se utiliza en platos en los que no queremos oscurecer los ingredientes. Es un condimento básico, casi como la sal, pero con una increíble profundidad de sabor.

Tamari

El tamari es el líquido que se escurre durante la elaboración del miso. Casi no contiene trigo o nada en absoluto, lo que lo convierte en la opción ideal para celíacos. Es más espeso, más intenso y tiene un toque de caramelo que lo hace insuperable como salsa de acabado para carnes.

Otras Joyas Japonesas

Shiro

El Shiro Shoyu tiene una proporción mucho mayor de trigo respecto a la soja, 90 a 10 aprox., y se fermenta durante un periodo mucho más corto, no más de tres meses, lo que explica su color pálido. Su aroma y sabor también son, naturalmente, muy similares a los del trigo. La elevada cantidad de trigo hace que su contenido en azúcar tienda a ser mayor que el del Shoyu normal, lo que le confiere un perfil de sabor muy diferente. Pura elegancia, ideal para pescados blancos.

Saishikomi

El Saishikomi es una salsa de soja densa y de doble fermentación originaria de la prefectura de Yamaguchi. Se caracteriza por su color oscuro y opaco, además de una alta viscosidad. Ofrece un perfil de sabor notablemente menos salado que el shoyu estándar, a pesar de su intensa concentración aromática. Diseñada exclusivamente para acompañar sushi y sashimi de alta gama

Salsa de Soja de Indonesia

Esta salsa de soja, conocida como Kecap Manis, cuenta con un proceso de fermentación igual o similar a las anteriores. El líquido fruto del proceso, se mezcla con azúcar de palma derretido y, dependiendo del fabricante, se añaden a la mezcla hierbas y especias como limoncillo, galanga, anís estrellado y/o hojas de lima Kaffir. Es posiblemente la salsa de soja más adictiva que existe. Es densa como el sirope de arce, y el alma del Nasi Goreng.

Salsas de Soja Coreanas

Este método tradicional de fermentación da como resultado dos productos principales: el Ganjang y el Doenjang.

Tras unos 60 o 70 días, la salsa de soja se puede separar de los restos sólidos, quedando el Ganjang como líquido y el Doenjang como pasta.

El proceso completo dura al menos 10 meses, aunque un envejecimiento más prolongado aporta sabores más intensos y ricos.

Cheongjang (청장) – De hasta 1 año

El Cheongjang suele fermentarse hasta un año. Su sabor a soja es limpio y sutil, con un color suave. Aunque no tiene la complejidad de las salsas de soja de mayor maduración, sigue ofreciendo los beneficios fundamentales de los alimentos fermentados. Ideal para platos ligeros.

Ganjang (간장) – De 1 a 2 años

El Ganjang es su salsa de soja más versátil, fermentada durante uno o dos años. El periodo de fermentación más largo, permite que el Ganjang desarrolle notas umami más intensas, y su color ámbar refleja su complejidad. Es considerado a menudo como el núcleo de la cocina coreana, lo que lo convierte en un ingrediente esencial en cualquier elaboración.

Jinjang (진장) – A partir de 5 años

El Jinjang, se deja madurar durante cinco años o más. El proceso consiste en envejecer la salsa de soja en ollas especiales durante más de un año, con un envejecimiento adicional de cuatro años más, lo que da como resultado una salsa increíblemente rica y llena de umami. El Jinjang tiene una textura oscura, casi almibarada, y su sabor es inigualable, complejo, sabroso y ligeramente dulce. La salsa de soja definitiva, adecuada para platos especiales o como salsa de acabado de alta gama.

Como un abanico de matices que se despliega ante el paladar, la salsa de soja ofrece una riqueza infinita de aromas, colores y profundidades.

Cada variedad guarda un carácter propio, una historia fermentada en el tiempo.

Elegir entre ellas no es una decisión apresurada, sino un pequeño viaje, una exploración paciente, guiada por la curiosidad y el gusto, hasta dar con aquella, o aquellas, que resuenen con nuestras expectativas y despierten, en cada plato, una armonía casi íntima.